Sheinbaum acorralada con el tema Rocha Moya
La presidenta no tuvo más remedio que echar mano del manual obradorista y, fiel al estilo de la Cuarta Transformación, desvió la atención señalando a los supuestos adversarios políticos como artífices de una campaña de desprestigio en su contra

La semana arrancó con todo y, como era de esperarse, el escándalo del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya sigue acaparando la atención y los reflectores en la Mañanera. Ante tanta presión, a Claudia Sheinbau no le quedó de otra más que tomar el toro por los cuernos.
Por momentos, a la presidenta se le notaba el nerviosismo, hasta se le fue el color, sobre todo cuando le soltaron la pregunta incómoda: ¿y en Morena hay o no hay corrupción? Todo esto luego de que Ariadna Montiel, la nueva mandamás del partido, advirtiera clarito que “en Morena ya no habrá candidatos con ni un olorcito a corrupción”.
En mal momento Montiel soltó la advertencia, justo cuando el nombre de Rocha Moya está en boca de todos, junto con otros nueve personajes, entre ellos el senador Enrique Inzunza y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, que son acusados de tener vínculos con el narcotráfico, específicamente con la facción “Los Chapitos”.
La presidenta no tuvo más remedio que echar mano del manual obradorista y, fiel al estilo de la Cuarta Transformación, desvió la atención señalando a los supuestos adversarios políticos como artífices de una campaña de desprestigio en su contra.
El nerviosismo de la presidenta no pasó inadvertido para nadie; en varios momentos, lo disimuló con una actitud burlona hacia la oposición, soltando comentarios afilados que buscaban restarle peso a las críticas y mantener el control del escenario político.
Hay que reconocer que la presidenta busca proyectar temple frente a las presiones del extranjero y los reclamos de casa, pero en ciertos momentos se le ve tambalear, y su discurso no termina de convencer ni a propios ni a extraños.